Crece la preocupación por los jabalíes en Tandil: advierten que el problema ya representa un riesgo sanitario

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La expansión del jabalí en el partido de Tandil dejó de ser una preocupación exclusiva del sector agropecuario. Además de los daños que provoca en cultivos e infraestructura rural, la especie genera inquietud por los riesgos sanitarios que implica y por la falta de un sistema habilitado para procesar de manera segura los animales capturados.

Así lo explicó el director de Asuntos Agropecuarios del Municipio, Matías Posse, quien advirtió que, aunque la caza está permitida en la provincia de Buenos Aires bajo determinadas condiciones, hoy no existe un circuito legal para faenar y comercializar la carne.

Un problema que sigue creciendo

La situación volvió a quedar en el centro del debate luego de que un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) estimara que la expansión del jabalí genera pérdidas cercanas a 1.600 millones de dólares anuales en Argentina.

El informe señala que esta especie exótica provoca importantes daños en cultivos, alambrados e infraestructura rural, además de transmitir enfermedades y continuar expandiéndose debido a la ausencia de una estrategia coordinada entre las provincias.

En diálogo con Radio UP, Posse explicó que Tandil trabaja sobre esta problemática desde hace varios años a través de la Comisión de Lucha contra las Plagas Agrícolas, integrada por el Municipio, productores rurales, la Universidad Nacional del Centro (UNICEN), el INTA y distintas entidades del sector.

Cazar está permitido, pero vender la carne no

El funcionario explicó que en territorio bonaerense el jabalí puede ser controlado mediante la modalidad de caza plaguicida, que permite abatir ejemplares sin un cupo máximo, siempre respetando las licencias y requisitos establecidos por la normativa provincial.

Sin embargo, aclaró que la autorización para cazar no resuelve el problema de fondo.

«Está autorizado cazar, pero está prohibido comercializar», resumió.

El principal inconveniente, explicó, es que actualmente no existen frigoríficos habilitados para recibir los animales, realizar la faena bajo controles sanitarios y permitir su ingreso a un circuito comercial.

Esto significa que quien captura un ejemplar puede consumirlo bajo su propia responsabilidad, pero no puede vender la carne, elaborar chacinados o abastecer comercios y restaurantes de manera legal.

Riesgos para la salud

La ausencia de un sistema formal también impide garantizar controles sanitarios sobre la carne.

Según explicó Posse, además del riesgo de triquinosis, los jabalíes pueden transmitir diversas enfermedades tanto a los porcinos domésticos como a las personas cuando la carne se manipula o consume sin los controles correspondientes.

A ello se suma otro desafío: la disposición de las vísceras, el cuero y otros restos del animal, que también pueden contener agentes patógenos.

«Cuando alguien caza un jabalí aparecen preguntas concretas: ¿qué se hace con las vísceras?, ¿dónde se descartan los restos? Es justamente allí donde pueden concentrarse muchos de los riesgos sanitarios», señaló.

Una especie muy difícil de controlar

Desde la Comisión de Lucha contra las Plagas no se realizan operativos de caza organizados. El trabajo actual está orientado a relevar información sobre la distribución y cantidad de ejemplares para comprender el comportamiento de la población y definir estrategias de manejo.

Posse destacó que la principal dificultad radica en la extraordinaria capacidad reproductiva de la especie.

Una hembra puede tener hasta dos pariciones por año y cada camada alcanzar alrededor de diez crías, una característica que acelera notablemente el crecimiento de la población.

«Esa velocidad de reproducción hace indispensable conocer primero la dinámica de la especie para poder diseñar herramientas de control realmente efectivas», explicó.

Daños que van más allá del campo

Los efectos de la presencia de jabalíes ya no se limitan a la actividad agrícola.

Además de alimentarse de cultivos de maíz, romper silobolsas y destruir alambrados, los animales representan un riesgo para los criaderos porcinos y también para quienes transitan por caminos rurales, donde su aparición puede provocar accidentes.

Posse recordó que estos problemas afectan directamente a una de las principales actividades productivas de Tandil y remarcó que muchas situaciones no llegan a tener difusión pública.

Una respuesta que requiere coordinación

El funcionario sostuvo que el manejo de la especie excede las posibilidades del Municipio y depende, en gran medida, de decisiones de la Provincia.

En ese sentido, recordó que representantes de Tandil participaron de reuniones con autoridades provinciales para analizar posibles estrategias y que, según estimaciones técnicas, sería necesario controlar al menos el 50% de la población de jabalíes para lograr un impacto significativo.

Sin embargo, advirtió que todavía no existe una respuesta para una pregunta clave: qué hacer con semejante cantidad de animales una vez capturados.

Para Posse, habilitar la caza sin resolver previamente el destino de los ejemplares fue una medida incompleta.

«Era necesario definir primero cómo iba a funcionar todo el circuito sanitario. Hoy se puede cazar, pero no tenemos dónde realizar la faena», afirmó.

Mientras no exista una estrategia conjunta entre Nación, Provincia y municipios, y una infraestructura que permita procesar de manera segura los animales capturados, la población de jabalíes continuará creciendo y ampliando su impacto sobre la producción, el ambiente y la salud pública.


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