Cinco sobrevivientes de un viaje que debía durar una hora y terminó en tres meses a la deriva en el océano Pacífico se recuperan de cuadros graves de desnutrición y contaron cómo lograron mantenerse con vida.

El 30 de julio, nueve integrantes de una familia subieron a una lancha de seis metros en Chuuk, uno de los Estados Federados de Micronesia, para un viaje rutinario de abastecimiento a una isla cercana. Tedwinson Paul, de 31 años, el mayor de la familia, ya había hecho la travesía antes. Pero una tormenta inesperada desvió la embarcación y, después, se quedaron sin combustible.
La Guardia Costera de Estados Unidos rastreó por aire y mar un área de 25.000 millas náuticas cuadradas, pero suspendió la búsqueda tras diez días sin rastros. Los náufragos contaron que hacían señas a todos los barcos y aviones que pasaban, sin que nadie advirtiera la emergencia.
Para subsistir comieron tortugas y pájaros y bebieron agua de lluvia. Según el medio australiano ABC, tuvieron que arrojar al mar a cuatro familiares que murieron, entre ellos un niño.
El 1° de noviembre, después de 94 días y unos 4.800 kilómetros a la deriva, la lancha llegó a la isla Fanning, en Kiribati. Llegaron cinco personas: tres hombres y dos adolescentes de 13 años, que se orientaron hacia tierra al escuchar las campanas de una iglesia.
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