El excampeón mundial de los medianos estuvo en la ciudad y repasó una vida marcada por las dificultades de su infancia, el boxeo y algunas de las noches más recordadas de su carrera. También se refirió a su reciente cruce con Sergio “Maravilla” Martínez.
Jorge “Locomotora” Castro, uno de los personajes más reconocidos y particulares del boxeo argentino, pasó por Tandil y dejó varias definiciones sobre su vida, su carrera y las experiencias que lo marcaron desde muy joven.
El “Roña”, nacido en Caleta Olivia y campeón mundial de los medianos, construyó una trayectoria que tuvo de todo: gloria deportiva, peleas inolvidables, momentos límite y una infancia atravesada por la pobreza y las necesidades.
Al recordar aquellos primeros años, Castro no dudó en señalar al boxeo como una de las herramientas que le permitió cambiar su destino.
“El boxeo me sacó de la calle y de la pobreza”, es una de las frases que sintetiza buena parte de su historia.
Antes de convertirse en campeón mundial, Castro conoció de cerca el hambre y las dificultades. Durante su adolescencia trabajó como lustrabotas y vendedor de diarios, hasta que encontró en el boxeo una posibilidad de salir adelante. Comenzó a pelear a los 14 años y rápidamente mostró una personalidad que terminaría convirtiéndose en una de sus principales características arriba del ring.
Una vida que comenzó con muchas dificultades
La infancia del excampeón estuvo lejos de ser sencilla. Durante varios años vivió junto a su padre en Catamarca, en un contexto de extrema necesidad. El propio Castro contó en distintas oportunidades que llegó a atravesar períodos sin comida y que su familia sufrió situaciones de mucha pobreza.
Su madre, al reencontrarse con él y verlo en esas condiciones, decidió llevarlo nuevamente a Caleta Olivia. Allí comenzaría otra etapa de su vida.
El deporte apareció como una salida.
Castro encontró en el gimnasio un lugar donde canalizar la violencia y las peleas callejeras que habían formado parte de su adolescencia. Lo que comenzó casi como una necesidad terminó transformándose en una carrera profesional extraordinaria.
Con el tiempo llegaron los títulos, las grandes noches y el reconocimiento internacional.
La noche que quedó para siempre en la historia del boxeo
Entre todos sus combates, hay uno que ocupa un lugar especial: la pelea contra el estadounidense John David Jackson, disputada en Monterrey, México, en diciembre de 1994.
Castro defendía el título mundial mediano de la AMB y estaba siendo ampliamente superado. Parecía que el combate tenía un destino definido, pero en el noveno round ocurrió lo impensado.
El argentino encontró un golpe salvador y derribó a Jackson con un zurdazo que quedó inmortalizado como la “Mano de Dios” del boxeo argentino.
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