El proyecto nace desde el club Juventud Unida con el propósito de garantizar el acceso efectivo al deporte para personas con discapacidad, asumiendo esta práctica como un derecho humano fundamental. La iniciativa contempla una planificación estratégica y progresiva
Para comprender el valor diferencial de este proyecto, es importante realizar una distinción didáctica entre dos enfoques que no son excluyentes ni jerárquicos, sino complementarios para garantizar el derecho al deporte. Mientras que el deporte inclusivo promueve espacios de participación compartida y simultánea entre personas con y sin discapacidad o con diferentes tipos de discapacidad, un área donde la ciudad ya ofrece diversas opciones, el deporte adaptado implica el diseño, la especialización y la adecuación de reglamentos, metodologías, recursos y dinámicas de entrenamiento en función de las características y necesidades de una población determinada.
El profesor Facundo Salaverry, a cargo de este espacio en Juventud Unida, dio detalles de esta iniciativa que se puso en marcha hace algunas semanas. «Lo pensamos para chicos de 12 años en adelante y probablemente, cuando tengamos un buen número de participantes, hagamos un equipo por división. Es mixto y se pueden acercar los viernes, a las 17.30 horas, a la sede del club en calle Rodríguez. Nuestra idea es sumar un estímulo más en el futuro cercano», sostuvo uno de los encargados de coordinar la actividad junto a María Basualdo.
Por otro lado, recordó que «la idea es poder formar deportistas con síndrome de down con el objetivo de mejorar el rendimiento deportivo. El deporte tiene muchos beneficios y acá buscamos que todos estén en las mismas condiciones».
En el final, Salaverry invitó a la comunidad a que se interiorice de esta propuesta a través de «nuestras redes (@lajuvesinbarreras) en donde vamos a ir contando e informando todo lo que estamos haciendo. Queremos que la gente nos conozca y puedan ver lo que es el mundo del deporte adaptado».
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