
Especialistas, profesionales y representantes políticos analizaron en un Aula Magna colmada cómo crece la ciudad y qué debe priorizar la actualización del PDT, a 20 años de su sanción. La jornada contó con la presencia de Eduardo Reese, coordinador del equipo técnico que elaboró el plan en 2005.
Este jueves se realizó en el Aula Magna de la UNICEN la jornada «¿Qué ciudad queremos? Plan de Desarrollo Territorial: debates y desafíos para construir el Tandil del futuro». La organizaron la UNICEN, la Facultad de Ciencias Humanas de la UNICEN, el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Buenos Aires (Distrito VIII) y la Fundación Poliedro. El objetivo fue aportar miradas técnicas, académicas y políticas a la discusión sobre la actualización del plan que hoy ordena el territorio del partido.
La actividad reunió a una amplia representación institucional y política. Estuvieron presentes autoridades y miembros de los Colegios profesionales, de Arquitectura y Urbanismo, Ingenieros, Agrimensores, Martilleros, y técnicos, de organizaciones de la sociedad civil, autoridades de la universidad, decanos y decanas, Cámaras empresarias, sindicatos, investigadores y docentes, representantes del poder ejecutivo, y concejales de distintos espacios políticos.
Un diagnóstico compartido: Tandil crece, pero de manera desigual
El conversatorio «Tandil frente a los desafíos del ordenamiento territorial» fue moderado por Marcos Merello, director ejecutivo de Fundación Poliedro, quien destacó la pluralidad de actores reunidos como reflejo de cómo deberían abordarse estas discusiones tan trascendentes para la ciudad, mediante instancias de participación y diálogo, para enfrentar los complejos desafíos que trae aparejados el crecimiento.
Santiago Linares, doctor en Geografía e investigador del CONICET en la UNICEN, presentó un diagnóstico basado en datos. El partido pasó de 108 mil habitantes en 2001 a 145 mil en 2022, y es el segundo en crecimiento poblacional entre las ciudades bonaerenses de más de 50 mil habitantes. Pero creció de forma dispersa: la superficie urbanizada aumentó un 33% entre 2005 y 2024, mientras la densidad bajó de 72 a 50 habitantes por hectárea. La expansión sobre el área complementaria de la Zona Protegida Natural Sierras de Tandil creció un 82%. Entre 1991 y 2022, además, las viviendas aumentaron casi tres veces más rápido que la población, y los inquilinos pasaron de 2 a 4 de cada 10 hogares. Linares advirtió que este modelo difuso encarece la inversión pública en redes, pavimento y transporte.
Como alternativa, propuso una ciudad de densidades medias y tejido continuo, «sin necesidad de recurrir a torres de gran altura». Retomó marcos conceptuales como la Agenda 2030 y la Nueva Agenda Urbana, y el modelo de la ciudad de 15 minutos, con experiencias de Bogotá, Iztapalapa y Busan, para pensar una Tandil policéntrica, de usos mixtos, accesible y participativa.
La arquitecta Fernanda Cuevas Bagú, delegada del Colegio de Arquitectura y Urbanismo (Distrito VIII), explicó la estructura del PDT y sus principios: la función social de la propiedad, la recuperación para lo público del valor que generan las decisiones públicas, la participación y el acceso a la tierra y la vivienda. Para responder a la fragmentación socio-urbana, presentó proyectos urbanos concretos. Entre ellos, «Vías de integración y desarrollo», distinguido con el Premio Estímulo 2019, que propone convertir el corredor ferroviario en un eje verde que una a los barrios que hoy separan las vías.
El concejal Rogelio Iparraguirre, presidente del bloque Fuerza Patria, valoró que el debate se diera en la universidad pública, «donde se produce buena parte de lo que sabemos sobre cómo crece Tandil». Sostuvo que «crecimiento no es igual a desarrollo» y que transformar ese crecimiento en mejores condiciones de vida «requiere una gestión pública a la altura».
Iparraguirre señaló la paradoja de una ciudad que contó con «una herramienta de planificación de avanzada» sin una gestión acorde. «Un plan pensado para trascender a las gestiones terminó trascendido por una sola», afirmó, en referencia a que Tandil tuvo el mismo gobierno desde la sanción del PDT. Como ejemplo de herramientas desaprovechadas, como la plusvalía y el fondo de desarrollo urbano.
Propuso definir -en la actualización del PDT -dónde se debe promover el desarrollo industrial y también planteó que parte de la valorización que genera el cambio de uso del suelo financie las obras de infraestructura que la ciudad necesita.
Reese: completar, integrar y cualificar antes que expandir
En la conferencia «Urbanismo y sostenibilidad: construir ciudad sin perder territorio», Eduardo Reese, especialista en planeamiento urbano y regional y coordinador del equipo técnico que elaboró el Plan de Desarrollo Territorial de Tandil en 2005, propuso una mirada crítica sobre los desafíos que enfrenta la planificación urbana, a veinte años de la sanción de aquella herramienta. Su exposición partió de una premisa: planificar hoy implica trabajar en dos planos simultáneos, construir escenarios de futuro y, al mismo tiempo, dar respuestas a las necesidades y demandas urgentes de la sociedad.
Reese planteó que los conflictos territoriales actuales no pueden analizarse de manera aislada, porque se encuentran profundamente relacionados. La crisis climática, los déficits históricos de infraestructura y equipamiento público, el deterioro de las condiciones de hábitat, las prácticas inmobiliarias especulativas y la desigualdad social forman parte de una misma problemática. En ese sentido, sostuvo que «no hay transformación sin conflictos» y que la planificación debe partir de un análisis territorial integrado que permita traducir ese diagnóstico en una agenda concreta de decisiones.
Uno de los ejes centrales de su exposición fue el papel del suelo en la construcción de las ciudades. Reese advirtió que los mecanismos del mercado inmobiliario no garantizan por sí mismos un uso sostenible y equitativo del territorio, sino que tienden a valorizar diferencialmente el suelo y profundizar la segregación socio-territorial. Como consecuencia, afirmó: «La forma de crecimiento de nuestras ciudades es ambientalmente insustentable, socialmente excluyente, económicamente ineficiente y fiscalmente insostenible».

Frente a ese escenario, propuso reorientar el crecimiento urbano bajo una consigna que sintetizó buena parte de su planteo: «Completar, integrar y cualificar antes que expandir». La propuesta supone priorizar la consolidación de los tejidos urbanos existentes, mejorar las condiciones de integración entre barrios y orientar las inversiones hacia la calidad del hábitat, antes que continuar extendiendo la mancha urbana.
Otro de los aspectos destacados fue la necesidad de incorporar la naturaleza y el cambio climático como dimensiones estructurantes del ordenamiento territorial. «El territorio no es una superficie disponible para urbanizar: es un sistema socioecológico que debe ser comprendido y protegido», sostuvo Reese. En esa línea, planteó que la crisis climática obliga a revisar las prácticas que subordinan los procesos naturales a las lógicas de ocupación inmobiliaria.
Finalmente, recuperó los instrumentos de la Ley provincial 14.449 de Acceso Justo al Hábitat, a la que identificó como una herramienta para fortalecer la capacidad de intervención del Estado en los procesos de desarrollo urbano.
Entre los mecanismos mencionados se encuentran la participación municipal en las valorizaciones inmobiliarias, los gravámenes progresivos sobre inmuebles ociosos, la generación de fondos con destinos específicos y las instancias de participación ciudadana. También reivindicó los principios de derecho a la ciudad y a la vivienda, función social de la propiedad, gestión democrática y distribución equitativa de los costos y beneficios de la urbanización.
Lo acompañó el arquitecto Claudio Colletta, vocal del Consejo Superior del Colegio de Arquitectura y Urbanismo e integrante del equipo de investigación que elaboró el proyecto «Diagnóstico y lineamientos para el manejo sustentable de la Zona Protegida Natural Sierras de Tandil».
Un debate que continúa
La jornada dejó una coincidencia: la actualización del PDT es el momento propicio para materializar los debates necesarios que, luego de 20 años, nos permitan rediseñar las herramientas con las que contamos para ordenar el crecimiento en el futuro. En este sentido, Claudio Coletta resaltó la necesidad de generar ámbitos que dinamicen y fortalezcan la participación comunitaria.
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