Murió Amílcar Marino, una figura entrañable de las calles del centro de Tandil

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24/09/2026. Durante casi dos décadas, su carrito de pochoclos fue parte del paisaje cotidiano de una de las esquinas más transitadas de la ciudad. Amílcar Edgardo Marino, conocido por muchos como “Tino”, falleció este jueves y dejó un recuerdo ligado al trabajo, las charlas al paso y a una postal que acompañó a varias generaciones de tandilenses.

Hay personas que, con el paso de los años, terminan formando parte de la identidad de un lugar. Amílcar Marino fue una de ellas. Durante muchos años estuvo al frente de su carrito en la esquina de San Martín y 9 de Julio, donde se convirtió en una presencia habitual para vecinos, familias y chicos que se acercaban atraídos por el aroma de los pochoclos.

Nacido en Rauch y criado desde muy pequeño en Tandil, Amílcar tuvo una extensa trayectoria laboral antes de convertirse en el conocido pochoclero del centro. Trabajó en fotografía, fue empleado municipal, se desempeñó como mozo y también organizó servicios gastronómicos.

Ya cerca de la jubilación, un nuevo oficio cambiaría su historia. Todo comenzó cuando le ofrecieron atender una máquina de pochoclos durante los fines de semana en el Parque Independencia. Aprendió el trabajo, se entusiasmó con la actividad y, tiempo después, decidió comprar su propio carrito.

Fue así como llegó a la esquina de San Martín y 9 de Julio, que durante casi veinte años se convirtió en su lugar de trabajo y en un punto de encuentro para quienes transitaban por el centro.

Desde allí vio pasar innumerables tardes y generaciones de tandilenses. Chicos que se detenían frente al vidrio, familias que recorrían el centro, clientes habituales y vecinos que, además de comprar pochoclos, se acercaban para saludarlo y compartir algunas palabras.

Su puesto terminó siendo mucho más que un lugar donde comprar una bolsa de pochoclos. Se transformó en una pequeña referencia del centro de Tandil, de esas presencias cotidianas que parecen formar parte permanente del paisaje.

La muerte de Amílcar deja ahora un vacío en aquella esquina que durante tantos años estuvo asociada a su figura. Su carrito, su máquina y el aroma dulce de los pochoclos quedarán ligados a la memoria de quienes alguna vez pasaron por allí.

Para muchos tandilenses, recordar esa esquina será también recordar a “Tino”, el hombre que durante casi dos décadas convirtió un simple puesto de pochoclos en una parte entrañable de la vida cotidiana de la ciudad.


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